Todas las etapas de la vida son importantes y significativas por diferentes motivos, pero claramente la infancia es la más importante de todas y por lo general, la más linda.
Podemos olvidar algo que hicimos hace un mes, pero nunca olvidaríamos nuestra infancia. No quedarían dudas de esto si hiciéramos la prueba y se lo preguntáramos a nuestros abuelos. En lo personal, recuerdo a mi familia, mis amigos, mis juguetes. Me encantaba escribir poemas, rimas, canciones y por sobre todas las cosas, leer.
Recuerdo un libro llamado “Historia de un amor exagerado” que leí cuando tenía nueve años. Èste cuenta la historia de dos niños de entre doce y trece años, Santiago y Teresita que a pesar de su corta edad – recién estaban a punto de alcanzar la adolescencia - se enamoran perdidamente como adultos. Santiago vivía en el barrio de Florida y estaba terminando la primaria cuando ingresó a la escuela una nueva compañera, Teresita, la coreana. A partir de ese momento, no pudieron despegarse ni un segundo hasta que un día, la niña tuvo que mudarse con su familia. A pesar de las distancias, su historia de amor continuó: Santiago y Teresita se enviaban cartas con regalos todos los días y sus sentimientos seguían intactos.
La autora Graciela Montes, mezclaba lo romántico, con lo trágico sin olvidar darle un toque cómico y divertido a la historia. Logró así cautivarme: me encantaban los personajes, reía o lloraba de acuerdo a lo que ocurría. Santiago era exagerado en todo: una vez le regaló un ramo gigante de flores a Teresita, lloró un río cuando se tuvieron que separar y para el final de la historia, se metió adentro de una carta gigante para reencontrarse con su enamorada. Todas estas muestras de cariño me llegaban al corazón. Además me encantaba y me llamaba la atención el hecho de que se tratara de una historia de amor entre dos chicos que habían nacido en países diferentes, él era argentino y ella era coreana. Y este hecho no es menor, ya que la autora incluyó, así, la noción de la diversidad cultural, promoviendo siempre la integridad social.
Por esas casualidades o por qué no, causalidades, a falta de uno, tengo dos ya que, un tiempo después, para un cumpleaños me regalaron el mismo libro, sin saber que ya lo había leído y que, de hecho, me había encantado.
Camila,
ResponderEliminarPodrías subir también las tres versiones de tu cuento?
Gracias, saludos!
Emilia